Y la herida no cierra… Pero ella cada vez se siente más triste, más rota, no hay esperanzas, no hay forma que deje de sangrar. Cuantas personas en el mundo aborrecen sus cicatrices, ella solo sueña con verla cerrar, así quede enorme, necesita volver a volar y sus alas están rotas, y su herida en el pecho es gigante, el viento sola, y la lástima…
Su respiración es corta, lenta y frágil, aquel ser oscuro le enseño a tomar aire desde el estómago cuando caminar para ella se convertía en un reto, pero no le enseñó a cómo vivir sin él. Por los pasillos de las calles solas y vacías, ella está expectante de cuándo llegará el ángel del cielo para mover las aguas y poder meterse, aspira ser curada, pero el maestro le dice que todo lo tiene bajo control, que solo espere.
Mientras se derrama todo el interior de su pecho abierto, se debilita, grita, llora, pide auxilio, aquel hombre cruel la dejó en medio de la nada herida de muerte, su corazón está hecho polvo y para llenar el vacío necesita que Dios la restaure ¡Abba Padre!, clama ella ¡ayúdame!, no puedo más… Llévame de muerte a vida, límpiame, sáname, restaurame, no me dejes en agonía un día más.